lunes, 13 de enero de 2014

TV en mute

¿Será que todos mis silencios hablen más de mi que cualquier palabra?

Recuerdo que a través de la lente, aquella que alguna vez inventé para ver la vida a mi manera, ví las paredes blancas. Densamente blancas borrando todas las huellas que alguna vez la tocaron.

Le pusieron un MUTE a las paredes

Le pusieron mute a todos sus recuerdos y a mi, me salpicaste de pintura blanca.

¿Dónde estoy ahora? No puedo engañar mi intuición ni puedo escapar de un futuro que está enamorado de mi pasado, ¿quién soy yo en el presente para interrumpir esa historia de amor?

Tengo pequeños lapsos para recordar que puedo seguir jugando o para recordar "Si alguna vez engañas a tu pareja, procura que sea con alguien que tenga nombre similar al de tu pareja actual".

domingo, 6 de octubre de 2013

Tiempo Compartido

Nació con diabetes y aprendió a inyectarse las piernas cuando tenía 6 años. Nunca probó los dulces que caían de las piñatas ni mucho menos podía tener un pastel en su cumpleaños, quizá le dejaban probar una cucharadita, la suficiente para que se quedara con ganas de más dulzura. A sus 43 años sus piernas parecen montañitas disparejas de algún pueblito perdido en su imaginación, sus brazos tienen pequeños agujeros donde en ocasiones deja escapar un poco de vida cuando está muy cansada.

Su cabello teñido deja entrever pedazos de cráneo entristecido por las memorias del hijo que perdió, al menos en su imaginación. Su labial rosa coral oculta vulgarmente los labios resecos con costras que noto cuando me besa el cachete, su ojos verdes luminosos me desnudan de salud, me dejan amarga y agria, consumen toda sanidad de mi ser. No soporto que me abrace, huele a colonia de Sanborns y su enfermedad la vuelve agresiva cuando da muestras de afecto, tiene tanto afecto por la vida de los demás que con cada abrazo quiere matar, asesinar, violar, torturar y preparar con crema chantilly.

La invité a Acapulco, teníamos un tiempo compartido que jamás compartimos en el mismo plano. Ella allá con su bebé muerto en el vientre y yo acá en el chapoteadero cuidándome del parto. Ella allá hablando con su bebé y yo acá platicando con el mesero. Ella allá muriendo de sal y yo acá muriendo de alcohol.

Aprendió dulcemente a odiar a los demás, así era feliz y yo se lo permitía porque a mi no me odiaba, sólo no me creía real. Pensaba que yo era una operación estética, que yo en realidad era fea y que estaba enferma, por eso me quería tanto. Ella odiando por acá y yo; odiándola a ella. Yo la dejaba sola en sus peores momentos y la dejaba sola cuando se encerraba en su cuarto para ver pornografía, le gustaban los videos de señores mayores con jovencitas inexpertas, disfrutaba ver cómo se cojían a una menor de edad mientras ésta se comía un caramelo, yo escuchaba los gemidos y los gritos de ansiedad sin nunca saber cuál provenía de ella.

Se intentó suicidar. Fracasó en ello también y eso jamás me lo perdono porque fui yo quién la rescató, llamé a la ambulancia para compartir un poquito de tiempo con ella, pero no me lo perdonó jamás.

Supe de ella antier. Soñé con ella, traía unos pants rosas y parecía un hipopótamo seco, se veía fatal; gorda, rosa, rosa pastel, rosa algodón de azúcar, rosa diabética, rosa enferma, rosa caladryl, rosa Pepto Bismol, rosa vómito. Yo estaba en el camión ella en la calle esperando débilmente un taxi. Me vió, la ví. La ignoré, ella no a mi, me seguí en el pesero. Llegando a casa recibo un mensaje de texto:

"Eres una puta mal parida"

Ya me perdonó, dulce Paty, ya me perdonó.

jueves, 8 de agosto de 2013

Ellas.

Ella se sentó junto a la chica que no sabía bien que posición ocupaba en el mundo. A Ana le gustaba tomar té negro, leer cuentos cuentos y los elefantes. A Sofía le gustaba el agua de limón, las revistas de moda y el sexo rudo.

Durante un tiempo Ana pensó en suicidarse, tenía miedo de su destino,había tenido tan mala suerte que pensó que más bien su destino era convertirse en una suicida absurda, nunca le dijo a nadie porque no quería que pensarán que estaba jugando al existencialismo tan falso de estas épocas. Ana decidió aplazar su suicido un poco más, pensó que quizá debía estudiar una carrera para distraerse un poco, entró a la universidad y se graduó como una alumna promedio, como toda su vida, promedia.

Y viviendo esa vida tan común, se acomodó a la mediocridad, se acomodó a los golpes visuales de las películas que veía y se adaptó a los pianos jazzeros que le contaban historias menos promedias, historias sinceras que la dejaban entender que quizá su destino suicida podía aplazarse todavía un poquito más. La madre de Ana le dijo un día "Ana, cuando eras niña te gustaba jugar mucho y te veías tan contenta que me preocupas mucho, yo sé que las cosas no han marchado bien ahora, pero ¿por qué no jugamos a ser felices?". Esa noche Ana lloró hasta quedarse dormida.

Paso un año o menos, quién sabe. "Se solicita empleado; mujer, de 20 - 30 años, sin experiencia, excelente presentación, informes al: 55 19 68 09"

Llamó. La citaron. Si de algo no dudaba Ana, era sobre su "excelente presentación" sabía ocultar muy bien sus ganas de morir. La contrataron ese mismo día. Sonrío y escribió en su libreta "Hoy estoy muy contenta". Y si, ese día era una felicidad promedia.

Sofía llegó y se acomodó en el sitio libre junto a Ana, le sonrío y le preguntó que si necesitaba algo, Ana pensó "Si, necesito muchas cosas" y contestó "No, muchas gracias, estoy aprendiendo". No se cayeron muy bien al principio, cada una pensaba que era mejor que la otra, miraron sus zapatos, sus peinados, sus pestañas, sus senos, sus piernas, sus sonrisas. Se juzgaron mientras se aprendían a querer por la distancia. Porque era una distancia abismal entre ellas.

Pasaron unas cuantas semanas y cada una trabaja sin dirigirse la palabra, si acaso un "Me avisaron que hay que entregar el reporte semanal, ¿cómo lo hiciste?" o un "Me duele mucho la cabeza, ¿tendrás una aspirina". Y esa distancia tan hermosa era cada vez más cercana.

Ana llegó a su casa habituándose a la rutina de su nuevo empleo, a nadie le contó sobre él, quería que fuera algo suyo, sólo suyo. Se apropió de esa vida laboral ya que no podía apropiarse de la suya y le gustaba jugar al éxito y a los tacones. Se fue a su recámara y se percató que no tenía con quién platicar, que ya estaba harta de sus ligues facebookeros, que ya no quería que le hablaran por su "buena presentación" que ya no quería ser una persona tan promedio, que moría de ganas de desnudarse y salir a la calle para que la gente le aplaudiera esa valentía de saberse como cuerpo. Se emocionó con la idea, aplazó su suicidio unos años más, se quitó la ropa, se miro al espejo, se masturbó y se durmió pensando en el reporte semanal que debía entregar al día siguiente.

Sofía no tenía pasado, o al menos eso pensaban los demás. Sofía llegaba todos los días a la oficina con una gran sonrisa, las uñas pintadas y su agua de limón. Saludaba a los colegas y se sentaba a hojear su revista. Cuando llegaba Ana, la guardaba para que no viera que no estuviera trabajando y encendía su computadora. Y así fue meses enteros, meses de cordialidad, meses de distancia, meses de vivir un juego de rutinas y sonrisas y perfumes baratos, meses de indiferencia.

Sofía renunció. Ana se suicidó.

lunes, 24 de junio de 2013

Se cerró el libro

Marzo 13 Nacido con la incapacidad de sentir felicidad Abril 2012 Cortamos en aquél bar, ambos estuvimos de acuerdo. "Te amo peor no quiero acabar odiándote". lloré. "Nos creímos nuestra historia pero nos dimos cuenta que sólo eran enunciados falsos" Marzo 30 Necesito verte. El día anterior me había quedado dormida en el pesero y soñé que estaba ahí junto a mi abrazándome, desperté abruptamente, acalorada en medio del tráfico en quién sabe dónde. Había un señor desconocido junto a mi, lo odié con toda mi alma, no era él. Regresamos algo inciertos. Abril 6 Viví contigo bajo mentiras, me llevé el vestido rojo que tanto le gustaba. Mi cuerpo no permitió que nos uniéramos. Fuimos a una fiesta y supe con certeza cuánto lo amaba. Viernes 13 Cortamos. Sólo quería que supieras. mayo 13 Te extraño Septiembre 6 Ven.

viernes, 14 de junio de 2013

Suéter gris

Ella la abrazó y le dijo "Todo va a estar bien" Y el mal de ojo comenzó.... Ella te dio todo el amor para después convertirlo en odio, pensaste que jamás podrías recuperarte de aquella traición (si es que puede llamarse así a tal acto de separación afectivo). En fin, la invitaste a comer, le contaste todos los secretos del mundo (aunque a el también lo traicionaron), la llevaste a caminar por las calles que nadie había pisado, le diste tú presencia y cuando te ausentabas, seguías ahí con ella. Se apropió de ti. Te desayunaba, comía y cenaba, a veces incluso, te vomitaba. Tú ibas por el mundo sin ver nada, todo lo que veías eran visiones suyas, se te olvidó el significado de las palabras "planes", "yo", "nosotros" y "compartir". Tu diccionario se redujo considerablemente. Bajaste de peso y la única de manera de amarla era amándote a ti mismo. Te abrazó una noche y te dijo que todo iba a estar bien, en efecto, todo estuvo bien. Tomó de tu mano, te dijo que había conocido a alguien más, a alguien menos poderoso, a alguien con menos planes, a alguien que no tenía un diccionario. Entonces, así de fácil te dio un beso en la frente, te dio las gracias... "Gracias". Salió y la viste salir, iba arrastrando un suéter gris que tenía mi nombre escrito en la etiqueta. Salió. "Todo va a estar bien" El mal de ojo no quedó ahí. Se largó borracha y tambaleante, la escuchaste bajar las escaleras y azotar la puerta del auto (el que tú le regalaste, por cierto). Un minuto, dos minutos, no podía arrancar el auto. Te dormiste porque en realidad ni llorar podías, ella se llevó el vaso de agua también. "Todo va a estar bien" Jamás habías dormido para siempre.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Colonia Sanborns

La ruta 40, Miguel Hidalgo Carretera. El gel Xiomara, el axe, los recuerdos del hijo dormido en la cobija del lobo siberiano, la loción de AVON, el resago del Nescafé y mucho sueño y también sueños. Como los desamores y el jazz. Los desamores y el olor a colonia barata. El olor al axe y el recuerdo de dejar al hijo en la escuela, los olores de las tarjetas a las hora de checar entrada. Olor a Colonia de Sanborns entrando a la oficina del jefe para comenzar a recibir órdenes, cumpliéndolas mientras piensas que el día puede así, pasar más rápido y en la noche puedes ir a comprarle una rosas rojas a Miriam para dárselas y después regresarte en el último pesero a tu casa. El último pesero que ya más bien huele a sudor, alcohol, nostalgia,cansancio, colillas de cigarro y desamor y a rosas pisadas.

miércoles, 17 de abril de 2013

Cerdos y semen

Entonces ahí acostada lo sentí entrar. Mi mamá estaba dormida a un lado mío, pensé que quizá lo estaba soñando así que me dije a mi misma "ya duérmete, estás cansada, tu cuerpo se está rebelando, no dejes que gane, duérmelo." Cerré más fuerte los ojos y me concentré en el calor de las cobijas y la pesadez de mis piernas. Mi mamá ya estaba soñando, quizá con la situación, quizá soñaba que yo no podía dormir. Pero no, no era mi cuerpo, si estaba ahí. Era gordo, rosado con manchas negras disparejas, lunares y manchas de algún golpe, manchas cerdas, manchas con pelos, manchas como lijas. Era un cerdo gigante con ojos desorbitados. Me veía pero no a la vez, era un juego de adivinanzas "veo, veo" "¿qué ves?"" a ti y tu madre intentar dormir." Silencio. Evadir el miedo para que se vaya, pero no, nunca se fue, regreso y me lamió toda la cara, su olor se impregnó en mi cara, olía a restos de carroña, a sangre. "Mamá, despierta, ayúdame, mamá por favor, me está pisando, pesa mucho, huele a días pasados, despiértame" En verdad que eso lo estaba soñando yo, mi mamá estaba despierta junto a un puerco. Desperté angustiada y tome un taxi saliendo de la fiesta, estaba sola pero tenía que irme, yo estaba tranquila pero mi vestido corto me advertía precaución, porque los puercos citadinos no sólo me iban a lamer y a llenar de carroña, me iban a cortar las piernas para poder acariciarlas durante las noches. En fin, tome el taxi nocturno y sospechoso, nada pasaba, nada sucedía y entramos al bosque oscuro, oscuro. Intenté ver mi mano, no la veía, intenté verme acostada para visualizar mi llegada a casa, me puse la pijama mentalmente y me dormí para llegar más rápido, pero no, eso no sucedió. Se prendió la luna y alcancé a ver que no estábamos solos, el taxista había subido a su amigo el puerco citadino. Pedí que me bajarán, se rieron, les di ternura y hambre. Enseñó el cuchillo, yo enseñé mis dientes. Se abalanzó sobre mi y escupió semen en mi boca. Tibio, pesado, blanco blanco transparente. Me dormí veinte minutos más sólo para convencerme de que el puerco estaba muerto bajo mi cama. Ale, ya despierta. Ale, tienes que ir a trabajar.