jueves, 31 de mayo de 2012

sit. lay down. come. die. love me.

Y en los momentos de catarsis es cuando realmente deseo tener un perro. Puedo golpearlo, escupirle, mentirle, engañarlo acariciando a perros más caros, darle croquetas el resto de su vida y aún así me va a querer. También puedo decirle en un tono amigable que es un perro muy feo y moverá la cola. Y quizá podría obligarlo a aprender a que se sienta sólo para mostrarle a mis amigos que gran entrenadora soy, que puedo tener el control total sobre mi perro. Cuando lloro viene un perro a olerme la cara y luego pasa su lengua llena de mierda y basura por mi cara para tomarse el agua salada que corre por mis mejillas, la fescura de su lengua sucia me quita un poco el calor. Pueod estar en la silla y se acerca a olfatearme el trasero, a él no le importa, lo hará siempre, aunque yo no se lo pida. Incondicionalmente me olerá toda, de pies a cabeza. Y también puedo jugar con sus expectativas, puedo enseñarle la correa para que corra emocionado, salte sobre mi y me exiga ponerle la correa para que yo después la vuelva a colgar. Sit. Cuando me sienta mejor, lloraré de nuevo porque me porté mal y sé que soy yo quien merece un periodicazo. Lay down. Lo encerraré en la cocina o en el baño para que llore y suplique su salida, así cuando sea yo quién abra la puerta me convertiré en su heroína. Come. Lo acariciaré unos momentos y dejaré de hacerlo, para que me supliqué que vuelva a hacerlo. Lo obligaré a necesitarme. die. Lo abrazará tan fuerte que le darán ganas de morderme, pero no se atreverá. Quizá lo intente y después meterá su colita entre sus patas temblorosas y peluditas. Love me. Eso si lo hará.